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LA ORGANIZACIÓN DE LA PASTORAL

 

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Un Plan que nos motiva para dar una respuesta organizada a la realidad en nombre de Cristo.

Estamos entrando en una nueva etapa en la vida diocesana que tiene como objetivo impulsar una nueva evangelización que toque y responda a nuestra realidad actual, mediante procesos de formación permanente. En esta tarea todos los miembros de la Iglesia de Tehuantepec estamos comprometidos y debemos buscar las acciones concretas para hacer realidad esta tarea común.

El trabajo de planificación nos pidió ponernos frente a las situaciones que provocan sufrimiento y deterioro en la vida de nuestros pueblos, particularmente entre los abandonados de siempre. Ya el Jubileo de la Misericordia fue también un llamado a ser testigos de esa misericordia preocupándonos por nuestros hermanos, haciéndonos cercanos a aquellos que sufren alguna necesidad física, moral, espiritual. Cualquier hermano que experimente el dolor de la pobreza, la enfermedad, la soledad, la injusticia, la falta de trabajo, la violencia, el abandono… es un prójimo necesitado de misericordia.

 El cristiano debe ver cada día como una oportunidad de hacer presente el amor misericordioso de Dios hacia los demás. Todos necesitamos dar y recibir misericordia. En la familia los padres deben enseñar a sus hijos el significado de la compasión y preocupación por los demás, particularmente por los más débiles.

Nuestro Plan Diocesano, al presentarnos en el Marco de la Realidad Social, reconoce los aspectos negativos que nos afectan, los hechos más significativos que se viven en nuestras comunidades, sea en el campo social, político, económico, cultural, religioso, eclesial (Cf. Plan pags.21-41). Esta realidad, iluminada por la Palabra del Señor y por el Magisterio de la Iglesia, nos pide respuestas comprometidas desde la fe.

 

Un Plan que ilumina nuestra vida y nos anima a vivir el compromiso de nuestra fe.

 

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Somos hijos de un mismo Padre

El Marco teológico de este Plan es una síntesis de nuestra fe, que parte de la responsabilidad de la vida que se nos ha confiado y de la gran dignidad que tenemos como hijos e hijas de Dios; somos parte de una creación que está en nuestras manos para ser cuidada y de una familia humana que debe vivir en armonía. Además, somos cristianos; es decir, estamos llamados a seguir a Jesucristo y a trabajar por su proyecto de vida, de justicia, de paz, de amor. Nos toca, como discípulos misioneros, vivir y anunciar el Reino de Dios para que nuestros pueblos tengan vida (Cf. Plan D. pags. 42-63).

 

 

 

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Somos seguidores de Jesucristo

Para llevar adelante la misión liberadora de Cristo en el mundo necesitamos el mismo Espíritu de Jesús en nuestra vida y en la vida misma de su cuerpo que es la Iglesia. Sin su luz y sin su fuerza no podemos actuar en su nombre. Sólo Él puede animar y unificar nuestra acción para que nuestras acciones sean verdaderos signos de Dios y no del mal espíritu que engaña y divide. Porque nadie puede hacerle frente al mal en la soledad o el aislamiento, pues, ante tantas necesidades de nuestras comunidades fruto de la pobreza, la ignorancia, la injusticia, la corrupción, la violencia, no bastan las acciones aisladas. Todos debemos actuar y nuestra acción tiene más fuerza cuando trabajamos unidos (Cf. Plan D. pags. 64-66).

 

 

 

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Somos miembros de la Iglesia, Cuerpo de Cristo.

La comunión, o común–unión, es característica fundamental de la comunidad que Jesús quiere que actúe en su nombre. La Iglesia nos es un grupo o una asamblea reunida para tomar determinaciones comunes. La Iglesia es un cuerpo, cuyos miembros tienen diversas funciones pero un mismo Espíritu y una misma meta. Somos parte de una Iglesia Universal, somos una Iglesia diocesana que tiene también toda la estructura y organización de un cuerpo y debe actuar unificada por el Espíritu de Dios. Por su parte cada parroquia, en la Diócesis, está llamada a ser “casa y escuela de comunión”, Comunidad de comunidades, en donde se organicen todos los carismas, ministerios y servicios de modo comunitario e integrador, abiertos a la diversidad cultural y a los proyectos supra parroquiales. (Cf. Plan D. pags 66-70). Esta Iglesia-comunión, es la que puede presentar mejor el rostro de Cristo y realiza su misión con mayor eficacia. El rostro de Cristo es el de la misericordia, de la caridad, del amor total de Dios sobre nosotros. La Iglesia debe ser una comunidad misericordiosa que actúa en su nombre.

 

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Necesitamos a nuestra Diócesis y a cada parroquia organizada en su trabajo pastoral.

La acción de la Iglesia es la acción del cuerpo de Cristo, por eso debe ser una acción organizada. No bastan los actos individuales y aislados. Debemos trabajar unidos; así podemos hacer más y mejores cosas; y superaremos cualquier tentación de orgullo individualista. ¿Cómo organizar la tarea pastoral de la Iglesia para que manifieste la misión misma de Jesús en su integralidad y no parcialmente?

Por nuestras propias limitaciones de visión podemos quedarnos en un solo aspecto del trabajo pastoral pensando que con eso llena todo lo que Cristo pide a sus discípulos. Para superar ese riesgo constantemente hay que ver si nuestro trabajo pastoral es integral o se estaciona en un solo aspecto, confrontándolo con la misma acción de Cristo. Integral quiere decir que tome en cuenta toda la acción de Cristo, que se dirija a todas las personas, sin exclusión, y que toque todos los aspectos de la realidad humana. Eso necesita el trabajo de un cuerpo, es decir un trabajo organizado.

Una pastoral completa, integral, actúa en nombre de Cristo Pastor, Sacerdote, Profeta, Rey. Estos aspectos relevantes de la misión de Jesucristo en el anuncio de la Buena Nueva del Reino, la Iglesia debe ponerlos en práctica a través de lo que llamamos Pastoral Fundamental.

 

LAS DIMENSIONES DE LA PASTORAL FUNDAMENTAL

Todas las dimensiones de la Pastoral son parte de una sola acción pastoral. La acción de Cristo es única, pero debe ser integral. No debe faltar ningún aspecto. Sin embargo, por diversos motivos, todavía en nuestras parroquias está débil alguna de estas tareas de la pastoral. Es preciso entender que todos los diferentes trabajos de pastoral no son independientes, sino interdependientes, deben estar conectados. Esa será la función permanente del Párroco: tener una visión amplia del trabajo pastoral y estar al frente de él. A él se le ha confiado una comunidad que debe acompañar.

 

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1.- Comunión: Formación, integración y acompañamiento de la vida comunitaria. Este es un trabajo muy particular del servicio o ministerio de toda Coordinación pastoral. Por eso la Iglesia, comunidad de bautizados, convocados a vivir la Comunión como signo del discipulado, debe promover, coordinar y animar una vida de comunidad desde la vida de la Parroquia, entendida como comunidad de comunidades. La acción de Cristo se realiza desde la comunidad. Si la vida de la parroquia no se organiza como comunidad y no fortalece la comunión de sus comunidades, grupos, asociaciones y movimientos, será muy difícil un trabajo pastoral con verdadero sentido de Iglesia.

El trabajo de una verdadera Pastoral de Comunión es el servicio de la coordinación de la Pastoral de Conjunto que consiste en sectorizar la parroquia, formar pequeñas comunidades o grupos de reflexión y darles acompañamiento; integrar a los movimientos al objetivo parroquial; coordinar los trabajos de conjunto para que todos los grupos se apoyen entre sí, teniendo como eje central la Nueva Evangelización; buscar las formas de atender a las zonas o sectores parroquiales más alejados en todo sentido. Ciertamente no basta tener muchos grupos en la parroquia, sino que éstos sean atendidos con verdaderos procesos con acompañamiento desde la dimensión profética, litúrgica y social.

Forman parte del Equipo de esta dimensión de Comunión, si la parroquia está sectorizada, los coordinadores de cada sector; si hay pequeñas comunidades, estará el coordinador de cada comunidad; el coordinador de cada uno de los movimientos, grupos o asociaciones que haya en la parroquia y un representante de la dimensión profética, litúrgica y social. Además estará a la cabeza el párroco y las religiosas que coordinan todo el trabajo parroquial.

Preguntas:

¿Qué dice nuestro Plan Diocesano acerca de la Pastoral de Comunión, sobre los espacios de comunión y la formación sobre este tema? Ver páginas 36 y 37. ¿Qué dice sobre la Comunidad eclesial, espacio de comunión para el encuentro con Cristo? Ver páginas 64 y 65.

¿Qué estamos realizando en nuestra parroquia en este campo? ¿Tenemos Equipo?

¿Qué debemos y que podemos hacer para impulsar más estas tareas?

 

obispo 6

2.- Profética: Todos los grupos y toda la comunidad de bautizados en la Parroquia necesita recibir el anuncio de la Buena Nueva, desde el Kerigma, y una catequesis adecuada para que responda con su vida a la fe que suscita el encuentro con el Señor. Esto se hace a través de verdaderos procesos evangelizadores aprovechando todas las oportunidades de anunciar el amor de Dios sobre cada uno de nosotros, haciéndolo de manera testimonial. La Catequesis para padres y madres de familia, la catequesis, para los jóvenes que pretenden casarse, la catequesis para niños y niñas que se acercan a los sacramentos y la catequesis a todo el Pueblo de Dios, en todos los campos, supone procesos evangelizadores, que tome en cuenta las diversas circunstancias de los cristianos para llevarlos a vivir un compromiso de fe.

Esta tarea profética tiene como punto de partida el Encuentro con Cristo. Sin encuentro con Cristo no puede suscitarse la fe. Sin fe no podemos pedir otra respuesta que no sea la de las prácticas religiosas por costumbre, con una vida ajena a lo que Cristo nos pide como hijos de Dios. Sin embargo, no bastan los retiros, los encuentros, los congresos o los eventos evangelizadores, si no se da continuidad con formación y acompañamiento, si no hay integración a la vida comunitaria en algún grupo parroquial, o de alguna otra manera. No se trata de impulsar muchas actividades, sino de impulsar verdaderos procesos evangelizadores desde los equipos de Pastoral Profética parroquiales o diocesanos.

Forman parte del Equipo de esta dimensión Profética: El coordinador del equipo que imparte el Kerigma o los retiros de iniciación; los coordinadores de la Catequesis que se imparte a los niños; los coordinadores de la Catequesis pre-sacramental, sea para padres y padrinos de bautismo y confirmación, sea para matrimonio, pláticas de XV Años; el coordinador del Equipo responsable de la Promoción y formación bíblica de la comunidad, y por supuesto, el Asesor cualificado.

Preguntas:

¿Qué dice nuestro Plan Diocesano acerca de la Pastoral Profética en cuanto a la formación, procesos y proyección? Ver páginas 29-32. ¿Qué dice sobre el anuncio del Reino, el seguimiento de Cristo, como discípulos misioneros? Ver páginas 58-63.

¿Qué estamos realizando en nuestra parroquia en este campo? ¿Tenemos Equipo?

¿Qué debemos y que podemos hacer para impulsar más estas tareas?

 

obispo 7

3.- Litúrgica: La Celebración, la vivencia del Misterio Pascual en cada uno de los Sacramentos es fundamental para alimentar la fe que se nos ha anunciado; el encuentro con el Señor tiene en la vida litúrgica un momento privilegiado. Los signos son elemento básico en toda comunicación y la liturgia se vive y se expresa a través de los signos que nos hablan de la comunicación de Dios con su pueblo. Una comunidad que no ha entendido la importancia de la Liturgia convierte los sacramentos en magia o costumbre cultural, olvidando que Dios quiere comunicarse con nosotros; así, se daña la fe personal y se debilita la vida comunitaria.

Al Equipo de Pastoral Litúrgica, le corresponde promover un mejor conocimiento y experiencia de la Liturgia en la comunidad cristiana, para que la celebración de la Pascua del Señor, en cada uno de los sacramentos, manifieste todo la fuerza del Evangelio animando la fe de los cristianos, hasta llevarlos al compromiso que se ha fortalecido con su participación en la vida sacramental. Hay que ayudar a que se comprendan todos los signos, pero éstos deben ser explicados. Si se comprenden y se viven mejor cada uno de los sacramentos, la comunidad parroquial tendrá una fuente que alimentará permanentemente el compromiso cristiano y el encuentro con Jesucristo.

Es muy importante también valorar todo lo positivo que encuentre en la Religiosidad Popular, pues a través de ella muchas generaciones han mantenido su fe y su contacto con el Señor; pero solamente se podrá aprovechar todo el potencial que tiene si se conoce y se acompaña con formación y cercanía pastoral a la gran cantidad de creyentes que a través de estas prácticas buscan a Dios. Novenas, rezos, peregrinaciones, devociones, deben ser enriquecidas con la Palabra de Dios y la formación para alimentar, desde ahí, el encuentro con el Señor que lleve a un compromiso de fe.

Forman parte del Equipo de la dimensión Litúrgica los responsables de coordinar cada uno de los grupos que ayudan a vivir el culto litúrgico en las celebraciones de la comunidad, entre estos: el representante del grupo de animación litúrgica de cada una de las comunidades o sectores de la parroquia, el coordinador del grupo de ministros extraordinarios de la comunión, el coordinador de los celebradores de la Palabra, el responsable del coro o de los coros, el coordinador de los monaguillos, el sacristán, el coordinador del comité pro-construcción, y por supuesto, el Asesor cualificado.

Preguntas:

¿Qué dice nuestro Plan Diocesano acerca de la Pastoral Litúrgica, su valor, importancia, la participación de la comunidad, la religiosidad popular? Ver páginas 32-34. ¿Qué dice sobre la fidelidad de Jesús a la voluntad del Padre y su vida reflejo de ese amor? Ver páginas 49-52.

¿Qué estamos realizando en nuestra parroquia en este campo? ¿Tenemos Equipo?

¿Qué debemos y que podemos hacer para impulsar más estas tareas?

 

obispo 10

4.- Social: El fruto más cualificado de la fe es la participación comprometida del cristiano en la transformación de la realidad social de acuerdo al proyecto de Reino de justicia, de paz, de amor, de libertad, de verdad, de vida, anunciados por la muerte y resurrección de Jesús; hacia allá lleva la tarea evangelizadora de la Iglesia; para eso se ha nutrido con los sacramentos. En la dimensión social está particularmente la misión del laicado cristiano. A los laicos y laicas les toca impulsar, con el Espíritu del Evangelio, la cultura, la política, la economía, la educación, el deporte, el trabajo, el arte en sus diversas expresiones, el sindicalismo, la empresa, etc… Toda realidad temporal debe ser impregnada por los valores del Reino para que contribuyan a humanizar la sociedad, elevando la dignidad de cada persona.

Una sociedad dañada en los valores rebaja la dignidad de las personas e impide una convivencia social armónica que impulse el desarrollo de las personas y de las comunidades generando miseria, injusticia, violencia, mentira, crimen, narcotráfico, corrupción… El Evangelio nos presenta otra propuesta diferente que nos toca hacer realidad con nuestra vida y trabajar junto con la sociedad en búsqueda de los caminos que hagan realidad una vida digna para todos. En esa exigente misión transformadora es necesario que los cristianos trabajemos unidos, como Iglesia, pues la acción es del mismo Cristo.

Por esas razones el Equipo de Pastoral social debe tener muy claro que si quiere que las acciones que se realicen en este campo sean verdaderamente acciones de Iglesia, en nombre de Cristo, deberán partir de la experiencia de fe y dejarse iluminar permanentemente por ella. Eso no significa que no haya acciones sociales buenas, realizadas por diversas organizaciones, con fines particulares. Las acciones de la Pastoral Social no pueden perder de vista que son señales de la presencia de Dios, a entre nosotros a través de la Iglesia, que son signos del amor concreto al prójimo.

El trabajo que el Equipo de Pastoral Social debe promover y coordinar en la comunidad parroquial puede ubicarse en estos cuatro apartados: a) Formación de la conciencia social; b) Asistencia al necesitado; c) Promoción humana; d) Comunicación Cristiana de Bienes. En estos aspectos es necesario involucrar la participación de toda la comunidad parroquial, porque es una tarea de Iglesia. Hay que saber en qué consiste cada uno de ellos.

Forman parte del Equipo de Pastoral Social un representante de cada comunidad o sector de la parroquia, un responsable de promover la formación de la Doctrina Social de la Iglesia, el responsable de coordinar los trabajos de Promoción humana que se realizan en la parroquia, el responsable de coordinar los trabajos de asistencia social ante las emergencias humanas de solidaridad que deben atenderse en la parroquia, un responsable de coordinar la comunicación cristiana de bienes para fortalecer la solidaridad entre la comunidad con los más necesitados y, por supuesto, el Asesor cualificado.

Preguntas:

¿Qué dice nuestro Plan Diocesano acerca de la Pastoral Social como compromiso de vida cristiana y como organización en nuestras parroquias? Ver páginas 34-36. ¿Qué dice sobre la dignidad de la persona y la formación de una sola familia humana? Ver páginas 45-49.

¿Qué estamos realizando en nuestra parroquia en este campo? ¿Tenemos Equipo?

¿Qué debemos y que podemos hacer para impulsar más estas tareas?

 

Todas las acciones de la Pastoral Fundamental son básicas

Recordemos que la Pastoral Fundamental es básica en todas las otras tareas o acciones pastorales de la Comunidad (Comunión), cualquier otro aspecto del trabajo pastoral debe tener como fundamento la Palabra (Profética), la Celebración del misterio pascual (Litúrgica) y el compromiso de vivir la fe en todas las realidades temporales (Social). Esta vivencia pastoral permite a la comunidad eclesial ser espacio privilegiado para realizar el proceso que va del Encuentro con Cristo a la Misión. Ver Organigrama Pastoral, página 86.

 

+ Oscar A. Campos Contreras

   Obispo de Tehuantepec.